
Una de las principales características que encuentro en personas que están enfrentando algún reto, problema o situación que los acerca a un proceso de coaching es que cuando hago la pregunta mágica ¿Mereces ser feliz?, la mayoría de las personas me contestan que si, pero es un sí muy “light”, una respuesta muy pálida acompañada casi siempre de un “pero”, con un tono de voz apagada más que entusiasta.
“Me gustaría decir que si pero yo no estoy tan seguro”, es una respuesta bastante típica. Muchas veces se refieren a no recordar que alguien en su vida, sus padres, sus familiares, hermanos, amigos, etc., les dijeran de manera constante que tienen el derecho a ser felices. Lo que yo contesto es, "Bueno, si usted no lo ha oído antes, pues escúchelo ahora: “USTED Merece ser feliz!.
Aunque relativamente a pocos de nosotros nos dijeron en nuestra educación que la expansión de la felicidad es el propósito de la vida, la mayoría de la gente siente en algún lugar de su alma que más alegría debe ser parte de la ecuación de su vida. Aun que no vamos a demostrar en este articulo que el propósito de su vida y del universo entero es la expansión del amor y la felicidad por medio de la realización, si revisaremos algunos aspectos que pueden ayudarle a poner en práctica la felicidad como decisión como acción y no como circunstancias o metas.
¿Cómo, entonces, nos movemos de un estado de constricción a un estado de siempre
mayor libertad y felicidad? El primer paso hacia el despertar verdadero está estableciendo la intención... la decisión de vivir una vida que refleja a la verdadera felicidad. Esto requiere el reconocimiento que tiene la capacidad para cambiar la trama de su vida, incluso si usted ha estado actuando desde el mismo guión desde antes de que pueda recordar.
Se requiere el reconocimiento que usted es el único que se puede preocupar lo suficiente acerca de su felicidad, se trata de que convierta ello en una fuerza impulsora. Se requiere el reconocimiento de que su propósito principal en esta vida es VIVIR, y el vivir se realiza en el momento presente, no se puede vivir en el pasado o en el futuro, solo se puede vivir en el aquí y en el ahora. Por supuesto se requiere creer, no solo entender en forma intelectual, sino en lo más profundo de su ser y con cada célula de su cuerpo que es capaz y digno del amor.
Para alcanzar este nivel de conciencia, puede ser útil recordar la forma en seres humanos
se convierten en lo que somos. Cada uno de nosotros tiene una historia única que contar, y sin embargo hay temas universales que dan forma a nuestras vidas. Vamos a explorar los temas básicos que definen la condición humana. Una vez que entiendas cómo llegó a ser quien eres, estarás en una mejor posición para ser la persona que queremos ser.
Cuando llegamos a este mundo no decidimos de manera consiente a nuestros padres, ni a la familia, ni las condiciones o situaciones del entorno en el que “aterrizamos”. A pesar de que se puede imaginar un escenario en el que una libre flotación relojes alma identifica una pareja que decide tener relaciones sexuales y decide, "Voy a encarnar en esa familia disfuncional”, yo no conozco a nadie que honestamente pueda recordar hacer esa elección.
Por lo tanto, inexplicablemente, nos encontramos incubando en una matriz de que dependen totalmente de las decisiones tomadas por nuestra madre. A pesar de que puede haber sido querido (aunque el 50% de los embarazos son no planificados), el embarazo es a menudo es una experiencia estresante para tanto para la madre y el padre potencial. Día a día estrés de la vida afecta a todos, y se combinaron con los cambios hormonales que las mujeres embarazadas sufren. Aunque nos gustaría creer lo contrario, pocos de nosotros se incubaron realmente en alegría.
Las necesidades básicas de un feto suelen ser cumplido sin interrupción importante. En el vientre que no hay desfase entre la aparición de un agente biológico, su necesidad y su satisfacción. Un bebé en desarrollo no tiene que soportar las molestias del hambre, la fatiga o la vejiga llena. Cuando después de nueve meses que hemos dejado atrás nuestra residencia protegida, que pasar por un desalojo traumático que, afortunadamente, nadie se acuerda. Poco después, empezamos el proceso de la creación de una personalidad.
Asumiendo que nuestra madre está razonablemente disponible, en nuestro primeros meses de la vida sólo tenemos una vaga idea de la separación o del "otro". En esta etapa,
estamos totalmente entrelazados con nuestra madre, si ella es feliz y esta cómoda, pues estamos felices y cómodos. Cuando ella está atenta y dedicada a nosotros, nuestros sentimientos incómodos de hambre desaparecen como por arte de magia solo con manifestarnos y un pecho o el biberón y se transforman en placer. El cansancio genera un suave balanceo, hasta que nos dormimos, y también liberamos la presión en la vejiga y dentro de nuestros momentos de molestia llega la humedad que se elimina cuando nuestro pañal es cambiado.
Nuestro sentido del yo en este momento es puramente visceral. Somos nuestro físico sensaciones, que son nuestros sentimientos. Las necesidades básicas, nos sentimos seguros y cómodos. Si, por causas ajenas a la nuestra, nuestra madre se distrae, no está disponible, o es incapaz de sintonizarse con nuestras necesidades, nuestros principales sentidos de Identidad - que incluye nuestra capacidad de amar - se pone en duda, y podemos tener dificultades para desarrollar la confianza que nuestra incomodidad se resuelva. Estas primeras experiencias pueden influir en la manera en que nos vemos a nosotros mismos, así como nuestra capacidad de amar por el resto de nuestra vida.
Nuestros cuidadores proporcionan una retroalimentación continua a medida que se logran nuestras metas de desarrollo - aprender a sentarse, gatear, caminar, y hablar. Si tuvimos padres cariñosos, que reforzaron cada logro con elogios y aliento, y al mismo tiempo que tuvieron el valor adecuado para definir límites que nos mantuvo a salvo. Me imagino un padre ideal que le repetía constantemente a su hijo lo adorable, lo inteligente, lo y competente que es. Esto es un talento en los padres, que por cierto nadie nunca nos enseña, que permite desarrollar la membrana de nuestra propia imagen sana, estimada y competente. Con buena salud emocional, los cuidadores o padres llenos de amor, son capaces de crear un sentido de sí mismo en nosotros los hijos, que integra y refleja la aprobación y el aprecio.
Sin embargo, si nuestros padres, agobiados por sus propias heridas, angustia o agotamiento, fueron inconsistentes en de este proceso en la crianza, sus propias distorsiones se internalizan en los hijos. En nuestra inocencia como hijos, que no reconoció la distorsión de la imagen que nos hemos creado de nosotros mismos no fue el resultado de nuestras fallas, pero fue causado por "defectos" en de los cuidadores que nos sirvió de reflectores. Hemos asumido erróneamente que nuestra yo central esta distorsionado por las relaciones y el “espejo” que hemos creado en la imagen de nosotros mismos por medio de la relación de nuestros familiares y entorno, en donde no hemos recibido el mensaje de seguridad, competencia y de que somos y seremos aceptados y amados incondicionalmente. Por ello, cuando adultos, aprendemos a ser quienes no somos para buscar la aceptación de los demás, en nuestra inseguridad, o bien nos refugiamos en el conformismo de nuestra creída incompetencia.
Nuestra propia imagen –positiva o negativa- se desarrolla a través del espejo de nuestras relaciones.
Los niños con una sana imagen de sí mismo posee un sentido básico de bienestar ellos saben que tienen un valor intrínseco y anticiparse a las del mundo como acuse de recibo. Una vez que han desarrollado este sentido de la autoestima, que son capaces de ampliar progresivamente sus fronteras a través de la realización, logro, y relaciones afectivas. Con la orientación de los padres compasivos y profesores, definir y refinar su sentido saludable de sí durante la adolescencia es importante.
Este viaje por la manera en la que fuimos desarrollando nuestra propia imagen es para hacer consciencia de que nosotros no somos responsables de la incompetencia, problemas o circunstancias de nuestros padres, y que ellos dentro de su conocimiento realizaron lo mejor que pudieron. Por ello es fundamental que perdonemos su incompetencia o circunstancias, pero lo fundamental es saber que nosotros no somos culpables por ello.
Así pues cualquier limitación o malentendido que tuve en este proceso de desarrollo es mi deber transformarlo, ya que lo más irónico de todo es que ese pasado ya no existe, solo existen sus consecuencia en la imagen que tengo de mi mismo, la cual puedo fácilmente transformar para adecuarme a lo que mejor quiera ser de mis mismo.
Solo con reconocer 4 aspectos fundamentales:
Mauricio Bustos Eguía
Coach ejecutivo y de vida
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